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La pelota no se mancha, pero sí tiene memoria: A 50 años del golpe, el fútbol abraza el “Nunca Más”

A medio siglo de la última dictadura cívico-militar, los clubes de la AFA y las instituciones de la Liga  Córdoba transformaron el “tabú” en compromiso institucional. Desde la restitución de carnets a socios desaparecidos hasta el histórico encuentro en “La Perla”, el deporte reivindica su rol como termómetro social y guardián de la memoria colectiva.

 

El fútbol suele ser descrito, a menudo de forma reduccionista, como “22 personas corriendo tras una pelota”, dice Luciano Bottesi en su nota de Clarín.

Sin embargo, a 50 años del inicio de la etapa más sangrienta de la historia argentina, el deporte ha demostrado ser mucho más que un espectáculo: es una caja de resonancia de la tensión social y un eslabón fundamental en la conservación de la memoria colectiva por la verdad y la justicia.

En este aniversario circular, el grito de “Nunca Más” no solo bajó de las tribunas, sino que se instaló en las oficinas de los dirigentes y en el pecho de las camisetas.

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De la indiferencia al compromiso institucional

Durante décadas, la relación entre el fútbol y los derechos humanos transitó por caminos sinuosos. Bajo la gestión de Julio Grondona, quien asumió la presidencia de la AFA en 1979 durante plena dictadura, la institución mantuvo una postura reservada. Si bien con el tiempo se apoyaron campañas de las Abuelas de Plaza de Mayo, el tema de los desaparecidos dentro del ámbito deportivo permaneció como un tabú o una potestad exclusiva de la expresión popular en la tribuna.

Según los registros realizados por la Coordinadora de Derechos Humanos del Fútbol Argentino, hay 33 futbolistas desaparecidos. Julio Grondona, que fue nombrado en 1979 como presidente de AFA, se mantuvo en democracia y hasta su muerte en 2014, asumió la importancia de apoyar la campaña impulsada por las Abuelas de Plaza de Mayo y la campaña incesante por la búsqueda de la identidad.

El cambio de paradigma comenzó a gestarse con gestos individuales disruptivos. En 1999, el jugador Mauro Amato, de Atlético Tucumán, revolucionó el ambiente al festejar un gol mostrando una remera con la leyenda “Aguanten las Madres” y el dibujo de sus pañuelos. Fue un hito que abrió paso a la naturalización de lo que hoy es una realidad: fotos de figuras como Messi o Maradona con referentes de derechos humanos y una postura oficial clara de la mayoría de los clubes.

En 2019, bajo la gestión de Claudio Tapia, se dio un paso decisivo cuando Banfield restituyó la condición de socios a sus hinchas desaparecidos. Este acto generó un “efecto catarata” en otros clubes, otorgándoles a las víctimas una entidad que la dictadura intentó borrar. Como bien recordó la dirigencia deportiva, en aquel 1979 el dictador Videla decía que los desaparecidos “no están, no tienen entidad”; hoy, el fútbol les devuelve su lugar con un carnet de socio en mano.

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Un mapa federal de la memoria

La conmemoración de estos 50 años alcanzó una magnitud inédita. Unos 60 clubes que compiten en torneos de la AFA, desde los “cinco grandes” hasta equipos del ascenso y del Torneo Federal, manifestaron institucionalmente su reclamo. Equipos como Boca, River, Ferro, Chacarita, Quilmes y San Martín de Tucumán, entre tantos otros, se unieron a la consigna.

Los casi 50 clubes que integran la LCF también se sumaron.

Las acciones fueron concretas y simbólicas:

  • El pañuelo blanco en el pecho: Muchos equipos lucieron el símbolo de las Madres y Abuelas de Plaza de Mayo en el centro de sus camisetas durante la última fecha.
  • Baldosas y butacas: Ferro colocó baldosas por la memoria para homenajear a 16 socios e hinchas detenidos-desaparecidos, mientras que Banfield dejó once butacas vacías en su estadio como un reconocimiento permanente a “Los 11 de la Memoria”.
  • Historias con nombre propio: Clubes como Godoy Cruz recordaron a figuras específicas, como Juan Antonio Gutiérrez Zahzú, ex socio y basquetbolista del club secuestrado en 1976.

Incluso otras disciplinas se sumaron. Federaciones de básquet, handball y voley adhirieron a las consignas. Un caso particular fue el de la Unión Argentina de Rugby (UAR), que realizó un posteo institucional respetuoso, considerando que es un deporte que cuenta con entre 163 y 178 jugadores desaparecidos según diversas investigaciones.

Córdoba: La unidad que trasciende los colores

En la provincia de Córdoba, el fútbol ha dado un ejemplo de madurez y unidad civil. Por primera vez en la historia, los clubes más importantes de la región —Talleres, Belgrano, Instituto, Racing y Estudiantes de Río Cuarto—, la Liga Cordobesay uchas instituciones deportivas adhirieron de forma institucional al Encuentro de Hinchas “Clubes con Memoria”.

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Este evento, realizado en el Espacio para la Memoria “La Perla”, sirvió para reafirmar que, cuando se trata de derechos humanos, “no hay tribunas que separen”. Hinchas de muchos clubes locales participaron de una jornada donde se recordó que en las tribunas cordobesas también “faltan miles”.

La movilización cordobesa culminó con una columna unificada de hinchas marchando por la intersección de Colón y Cañada, demostrando que la identidad deportiva y la identidad ciudadana son inseparables. El fútbol cordobés entiende hoy que su rol social va más allá de un resultado deportivo: es ser refugio en tiempos de crisis, centro de vacunación en pandemias y, sobre todo, un espacio de resistencia contra el olvido.

A 50 años del horror, el fútbol argentino ha dejado de ser “el opio de los pueblos” para convertirse en un termómetro social que late al ritmo del pueblo. Porque la memoria, al igual que la pasión por una camiseta, se hereda, se protege y, sobre todo, se ejerce todos los días. Presentes, ahora y siempre. Más que nunca, Nunca Más.

 

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