ídolo máximo y referente histórico del albiverde, volvió a pisar el césped del club de sus amores, esta vez como director técnico de Instituto, en una jornada cargada de pertenencia y emoción.
Hay regresos que trascienden lo deportivo porque se explican desde el sentimiento puro. Raúl “el Bocha” Maldonado volvió a caminar por “El Pocito”, la mítica cancha de Bella Vista, ese rincón del mundo donde no es simplemente un visitante, sino el símbolo máximo de pertenenciapara toda una comunidad.
Surgido de las entrañas del club, Maldonado no solo defendió esa camiseta, sino que **encarnó la esencia de la institución y la guió como estratega hacia sus páginas más gloriosas. Su legado es tan profundo que trasciende el tiempo y se ha transformado en un sello de identidad para el barrio. Como bien lo demuestra la historia de Guido, un hincha que decidió tatuarse su imagen, al Bocha se lo entiende como un ídolo que se lleva literalmente en la piel.
En esta ocasión, el fútbol lo trajo de vuelta en un rol distinto, ocupando el banco de suplentes como DT de Instituto. Sin embargo, para la gente de la zona, el Bocha es el hombre que resume la mística del club. Su presencia en el verde césped de Bella Vista es un recordatorio de que a los ídolos del barrio se los respeta, se los quiere y, sobre todo, se los lleva para siempre. Maldonado volvió a casa y, aunque hoy defienda otros colores, su historia sigue escrita con las letras de oro de la pertenencia albiverde.


