Lionel Messi cerró su historia con la camiseta argentina en el Monumental con un triunfo 3-0 ante Benín, un gol de penal y un discurso atravesado por la emoción. Recordó a su padre, admitió que será difícil vivir sin la Selección y aclaró que en el último Mundial “no pasó nada raro”. La noche tuvo además una fuerte impronta cordobesa, con Cristian Romero, Julián Álvarez, Q’ Lokura y Ulises Bueno como protagonistas.
El final que nadie quería que llegara finalmente llegó. Lionel Messi jugó este martes su último partido con la Selección Argentina y el Monumental se convirtió en el escenario de una despedida a la altura de una historia de más de dos décadas. Hubo lágrimas, abrazos, música, homenajes y, como si el guion hubiera sido escrito para él, también hubo gol: de penal, para cerrar el 3-0 ante Benín y ponerle punto final a su recorrido con la camiseta celeste y blanca.
Messi no solamente convirtió el tercer tanto. Antes había participado directamente de los goles de Nicolás Otamendi y Nicolás Paz, con dos asistencias que volvieron a mostrarlo vigente hasta el último minuto. Pero esa noche el resultado era casi una anécdota. El verdadero partido se jugaba alrededor de él, de su despedida y de todo lo que representó para varias generaciones de argentinos.
Después del pitazo final, con sus compañeros rodeándolo y un Monumental rendido a sus pies, llegó el momento más esperado: Messi tomó el micrófono. Y allí apareció el hombre detrás del futbolista.
“Es difícil poder hablar una noche como la de hoy. Se me cruzan muchas cosas. En lo primero que pienso es en mi viejo”, dijo, en referencia a Jorge Messi, fallecido recientemente.
La emoción volvió a ganarle cuando habló de la camiseta que defendió durante más de 20 años. “No me queda más que agradecer, fue un orgullo muy grande defender esta camiseta durante 20 años”, expresó. Y dejó una frase que resume lo que significa para él cerrar esta etapa: “No venir más va a ser un dolor muy grande. Te juro que me gustaría venir toda la vida, porque jugar en la Selección es lo más lindo que te puede pasar”.
También quiso ponerle punto final a las versiones y especulaciones alrededor de la final del último Mundial, en la que Argentina cayó ante España. Messi fue contundente: “La realidad es que no pasó nada raro como se dice, lo dimos todo”. Explicó que el desgaste del partido anterior ante Inglaterra había sido enorme “a nivel de piernas” y también “a nivel emocional”, y aseguró que el plantel llegó a la final con lo justo. “No tengan duda de que cada compañero lo dejó todo por esta camiseta”, remarcó.

Una despedida con acento cordobés
La noche de Messi también tuvo un marcado componente cordobés. Uno de los primeros símbolos apareció en la propia cancha, con Cristian “Cuti” Romero como heredero de la cinta. Antes del partido, Messi abrazó especialmente al defensor de la selección, en una escena que tuvo un significado evidente: el capitán que se va entregándole simbólicamente la conducción a uno de los referentes del nuevo ciclo.
Otro abrazo especialmente emotivo fue el que protagonizó con Julián Álvarez, otro de los futbolistas cordobeses que compartieron con Messi los años dorados de la Selección. El delantero de Calchín fue parte de ese grupo que acompañó al rosarino en la conquista de los grandes títulos y que ahora deberá asumir el desafío de continuar la historia sin el número 10.
Y Córdoba también estuvo presente desde la música.
La previa y la despedida tuvieron el ritmo de Q’ Lokura, mientras que Ulises Bueno aportó su sello en el cierre de la celebración. Soledad Pastorutti cantó “Brindis” antes de que Messi tomara el micrófono para pronunciar sus últimas palabras como jugador de la Selección. La organización había preparado una extensa jornada de shows y homenajes para acompañar la despedida.
Así, entre cuarteto, abrazos cordobeses y una canción que hablaba de brindar por lo vivido, llegó el momento definitivo.
Messi dejó la Selección como llegó a su último partido: siendo protagonista. Se fue con 21 años de historia, con los títulos que durante tanto tiempo se le negaron, con el Mundial de Qatar como la cima de su carrera y con un último gol para que el recuerdo quedara todavía más perfecto.
El Monumental lo despidió de pie. Primero durante el minuto 10, cuando el estadio entero se detuvo para ovacionarlo. Después, cuando terminó el partido. Y finalmente, cuando Messi habló.
Ya no habrá otro partido. Ya no habrá otra concentración. Ya no habrá otro himno con Messi vestido de celeste y blanco.
Quedará, en cambio, la historia.
Y también una última frase que resume lo que fue para él la Selección: “Jugar en la Selección es lo más lindo que te puede pasar”.


