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Desvalijaron a Atalaya: tres robos en cinco días y un grito desesperado por seguridad

El club de barrio Blas Pascal, que compite en la Primera A de la Liga Cordobesa y tuvo entre sus filas a Julián Álvarez, Lucas Zelarayán y Julio Buffarini, sufrió una seguidilla de robos y actos de vandalismo. Se llevaron cables, pelotas, herramientas, un freezer y hasta el medidor de luz. Su presidente, Ángel Pedro Núñez, reclamó medidas urgentes para frenar los ataques.

 

El Deportivo Atalaya no encuentra respiro. En apenas cinco días, el club de barrio Blas Pascal sufrió tres robos que golpearon de lleno a una institución que cumple un papel fundamental en el fútbol cordobés. Los delincuentes se llevaron desde materiales indispensables para el mantenimiento de la cancha hasta elementos de uso cotidiano y, en el último episodio, hasta el medidor de luz.

La bronca crece en una entidad que compite en la Primera A de la Liga Cordobesa de Fútbol (LCF) y por la que pasaron jugadores de trayectoria nacional e internacional, como Julián Álvarez, Lucas Zelarayán y Julio Buffarini. Mientras el club intenta sostener su actividad deportiva, la sucesión de hechos delictivos genera impotencia y preocupación entre sus dirigentes.

El primer golpe incluyó el robo de los cables utilizados para regar la cancha y bebidas que estaban guardadas en un freezer. Ante esa situación, las autoridades reforzaron las rejas para dificultar nuevos ingresos, pero la medida no alcanzó: los delincuentes volvieron a entrar y se llevaron el freezer.

El inventario de las pérdidas también incluye pelotas, una carretilla y herramientas. A eso se suma un episodio de vandalismo que profundizó el malestar: las sillas que el club utilizaba para recibir a la gente fueron robadas y arrojadas a un canal.

Pero la secuencia no terminó ahí. El jueves pasado, el presidente de la institución, Ángel Pedro Núñez, llegó al predio y se encontró con otro faltante: habían arrancado y robado el medidor de luz. Fue un nuevo ataque en una cadena de episodios que dejó a Atalaya frente a la necesidad de reforzar la seguridad de sus instalaciones.

“Todo el barrio sabe quiénes son”, manifestó Núñez, con indignación por la reiteración de los robos. El dirigente reclamó respuestas y pidió medidas concretas para proteger el patrimonio de la institución.

Entre las principales demandas figuran el cerramiento total del predio, la instalación de cámaras de vigilancia y la presencia de un puesto policial en la zona. El club está ubicado junto a un basural, una situación que forma parte del contexto de preocupación de quienes concurren diariamente a sus instalaciones.

 

Mucho más que un robo

Los daños van más allá del valor de los elementos sustraídos. Cada pelota que falta, cada herramienta que desaparece y cada desperfecto que debe repararse representan recursos que la institución necesita para sostener los entrenamientos, mantener la cancha y desarrollar sus actividades.

En los clubes de barrio, donde el esfuerzo de dirigentes, entrenadores, familias y colaboradores resulta indispensable para mantener las puertas abiertas, recuperar lo perdido implica un costo económico y humano.

Atalaya, una institución ligada a la formación de futbolistas que después llegaron a los principales escenarios del país y del exterior, hoy reclama algo básico: poder trabajar sin que sus instalaciones sean blanco de nuevos ataques.

Tres robos en cinco días, un predio vulnerable y un pedido urgente de seguridad. La dirigencia espera que el reclamo encuentre respuestas antes de que la próxima visita al club vuelva a convertirse en el descubrimiento de otro daño o una nueva pérdida.

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