En una jornada que bordeó la tragedia deportiva, la Albiceleste revirtió un 0-2 en contra frente a los Faraones con goles de Cuti Romero, Lionel Messi y un cabezazo agónico de Enzo Fernández en el tiempo de descuento, sellando su pase a los cuartos de final.
Hay capítulos en la historia de la Scaloneta que no se escriben con la fluidez del fútbol total, sino con el trazo grueso del sufrimiento y la fe inquebrantable de los que ya saben lo que pesa la Copa del Mundo. Este relato fue el de la resiliencia: cuando el campeón se asomó al abismo. En los octavos de final de este Mundial, Argentina no solo se enfrentó a una Egipto tácticamente impecable, sino también a sus propios fantasmas en una primera parte donde nada parecía salir.
El partido comenzó con una Argentina dominante pero estéril, que se vio sorprendida a los quince minutos cuando Yasser Ibrahim conectó un cabezazo certero tras una jugada ensayada de córner iniciada por Mohamed Salah. El golpe fue doble cuando, poco después, el destino pareció darle la espalda al capitán: Lionel Messi ejecutó un penalti tras una falta sobre Tagliafico, pero el guardameta Shobeir, quien se erigía como la figura del encuentro, adivinó el disparo y mantuvo el arco egipcio invicto.
El 0-2 y el silencio antes del estruendo
La segunda mitad trajo consigo el momento de mayor dramatismo. Mientras la Selección buscaba con más voluntad que orden, Egipto ejecutó un contragolpe de manual. Salah lideró la transición para que Ziko definiera con sutileza ante la salida de Dibu Martínez, estableciendo un 0-2 que parecía definitivo al llegar al parón de hidratación. Argentina, la vigente campeona del mundo, estaba contra las cuerdas, a solo minutos de despedirse de su corona.
Los 15 minutos que definieron una era
Pero si algo define a este grupo es que nunca se entrega. La reacción épica comenzó en el minuto 79. Messi, redimiéndose de sus errores previos, puso un centro quirúrgico que Cristian Cuti Romero transformó en el descuento con un remate de cabeza que devolvió la vida a las gradas.
Apenas cuatro minutos después, en el 83, el caos se apoderó del área egipcia. Tras un centro lateral y un primer remate de Lautaro Martínez, el balón quedó suelto y Gonzalo Montiel asistió a Messi, quien conectó un disparo a bote pronto que Shobeir no pudo contener. Con el 2-2, el capitán no solo empataba el partido, sino que se consolidaba como el máximo goleador en solitario del torneo.
Cuando el partido ya se asomaba a la prórroga, apareció la conexión de los héroes de Qatar. Lautaro Martínez desbordó por la banda y lanzó un centro preciso al corazón del área. Allí, Enzo Fernández se elevó para conectar un cabezazo académico e inapelable que se clavó en la red en el tiempo añadido.
La locura se desató. Argentina, que había estado eliminada durante gran parte del encuentro, firmaba una remontada para la historia. El sueño de retener el título mundial sigue vivo, y la Scaloneta ya espera en cuartos de final al ganador del duelo entre Suiza y Colombia, demostrando que, para destronar al campeón, hace falta algo más que dos goles de ventaja. La Scaloneta sigue de pie.


