Formado en el barrio Las Flores y con paso por la Escuela de Fútbol Medea, el juvenil cumplió su anhelo de estrenarse en la Primera de Belgrano. Integrante estable de las selecciones juveniles de AFA, su historia es la de un proyecto que creció a base de esfuerzo y talento.
El debut de Ramiro Tulián en la Primera de Belgrano no fue un hecho aislado ni producto del azar. Fue la consecuencia lógica de un recorrido que comenzó en las canchas de tierra del barrio Las Flores y que se consolidó a través de un proceso formativo paciente, con estaciones claves como la Escuela de Fútbol Medea y su participación en clubes de la Primera B de la Liga Cordobesa.
Tulián dio sus primeros pasos con la pelota en su barrio, donde el potrero sigue siendo escuela de carácter. Allí aprendió a convivir con la presión natural del juego y a destacarse por su personalidad. Su talento llamó la atención rápidamente y encontró en Medea un espacio para ordenar ese potencial. En esa estructura formativa sumó conceptos tácticos, disciplina y roce competitivo en torneos locales, defendiendo camisetas de la Primera B de la Liga Cordobesa, una categoría históricamente formadora.
Ese proceso silencioso fue moldeando a un futbolista completo. Con buen manejo, lectura de juego y una madurez poco habitual para su edad, Tulián comenzó a ser observado por captadores de clubes de AFA. El salto a Belgrano representó un punto de inflexión: pasó de destacarse en el ámbito local a competir en un contexto de mayor exigencia, con entrenamientos diarios y un seguimiento integral.
En el predio celeste fue creciendo paso a paso. Se ganó un lugar en las divisiones juveniles y pronto empezó a integrar de manera estable las selecciones juveniles de la Asociación del Fútbol Argentino, experiencia que potenció su evolución. Vestir la camiseta nacional no sólo significó un reconocimiento a su rendimiento, sino también la posibilidad de medirse con los mejores talentos del país y sumar roce internacional.
Su debut en Primera fue la síntesis de ese recorrido. Cuando el entrenador decidió enviarlo al campo de juego, Tulián mostró aplomo y convicción. El pibe de 18 años ingresó en lugar de….Franco Vázquez, de 37 cumplidos este domingo. Sí, por “el Mudo”, que es una institución y que como é, surgió de Atlético Carlos Paz y Barrio Parque.
No desentonó, pidió la pelota y se animó a jugar, como lo hacía en Las Flores. El salto de escala no alteró su esencia.
En Belgrano valoran especialmente su capacidad para sostener el rendimiento y su mentalidad competitiva. Puertas adentro destacan su profesionalismo y su predisposición para aprender, rasgos que explican por qué es considerado uno de los proyectos más interesantes de la cantera.
La historia de Ramiro Tulián es también la de muchos chicos del fútbol cordobés: empieza en el barrio, se fortalece en las escuelas formativas y encuentra en los clubes de la Liga Cordobesa una plataforma para crecer. Hoy, con el debut consumado y el respaldo de su trayectoria en juveniles de AFA, el desafío será consolidarse.
Pero más allá de lo que venga, su estreno ya dejó una certeza: el sueño que nació en Las Flores dio el primer gran paso en Alberdi. Y recién empieza.


