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Talleres empató con Independiente, el VAR lo salvó de perder, pero no del estallido de su gente

El 0-0 en el Kempes lo mantuvo último en la Zona A del Clausura, con apenas cuatro fechas por delante y una urgencia que ya no admite distracciones: sumar para alejar los fantasmas del descenso.

Talleres respiró aliviado por una decisión del VAR, pero el empate sin goles ante Independiente de Avellaneda, en el estadio Mario Alberto Kempes, estuvo lejos de devolverle la tranquilidad. El 0-0 dejó al equipo de Omar De Felippe con la misma preocupación que lo acompaña desde hace varias fechas: sigue último en la Zona A del Clausura, con cuatro partidos para cerrar la fase regular y la obligación de sumar como sea para no complicar todavía más su situación en la lucha por la permanencia.

La bronca de los hinchas volvió a hacerse escuchar. Los insultos apuntaron contra los jugadores y también contra el presidente Andrés Fassi, en una muestra del desgaste de una relación que se resiente al ritmo de los malos resultados. La gente esperaba una reacción futbolística que le permitiera recuperar la esperanza, pero se encontró con otro capítulo de una campaña que mantiene al equipo lejos de los objetivos y cada vez más cerca de una situación incómoda.

El momento de mayor tensión llegó cuando Nahuel Banegas convirtió para Independiente. El árbitro Sebastián Zunino había convalidado el tanto, pero la intervención del VAR lo llevó a revisar la jugada. La tecnología detectó una posición adelantada de Santiago Montiel, por lo que el gol fue invalidado y el marcador volvió a quedar igualado.

La decisión evitó que Talleres se marchara derrotado, aunque no alcanzó para cambiar el clima en el Kempes. El alivio por conservar el empate convivió con la frustración de una hinchada que ya no se conforma con explicaciones ni con resultados que apenas sirven para sostener la situación. El punto sumado puede tener algún valor en la tabla, pero el equipo necesita mucho más que eso para despejar las dudas.

Cuatro finales para cambiar la historia

A Talleres le quedan cuatro compromisos para terminar la fase regular y cada uno tendrá una importancia decisiva. Ya no se trata solamente de recuperar una identidad futbolística, mejorar el funcionamiento colectivo o encontrar una racha que permita pensar en la clasificación. La prioridad pasa por sumar puntos, escapar del fondo y evitar que la pelea por la permanencia se transforme en una amenaza concreta.

El margen de error se achicó de manera considerable. Los goles recibidos, las dificultades para sostener resultados y la falta de regularidad explican buena parte de una campaña que dejó al equipo en una posición impensada para una institución que aspira a mantenerse entre los protagonistas del fútbol argentino.

El desafío inmediato de De Felippe será conseguir respuestas en un plantel golpeado por los resultados y por el malestar que baja desde las tribunas. La visita a Boca, prevista para el viernes a las 21.30, aparece como una prueba exigente, pero también como una oportunidad para comenzar a cambiar el rumbo. Después vendrán los últimos encuentros de la fase regular, con la obligación de aprovechar cada punto en juego.

## De Felippe sigue, pero necesita resultados

En medio de ese escenario, el entrenador confirmó que continuará al frente del equipo. La definición adquiere relevancia porque el propio De Felippe había dejado abierta la posibilidad de cansarse ante las dificultades y el desgaste que implica conducir a un equipo que no consigue salir del fondo.

Su continuidad despeja, al menos por ahora, una incógnita en el banco albiazul. Sin embargo, el respaldo del técnico no resuelve los problemas futbolísticos ni alcanza para descomprimir la relación con los hinchas. Talleres necesita que esa decisión se traduzca en trabajo, respuestas y puntos.

De Felippe deberá encontrar soluciones con el tiempo en contra. La situación obliga a revisar errores, fortalecer al equipo y conseguir que los futbolistas afronten los cuatro partidos restantes con la concentración que demanda una pelea por la permanencia. En ese contexto, la posibilidad de darles más espacio a los jóvenes también aparece como una alternativa para buscar energía y respuestas dentro de un plantel que no ha encontrado el rendimiento esperado.

El empate con Independiente dejó una sensación ambigua: Talleres evitó una derrota por una intervención arbitral que anuló correctamente el gol por fuera de juego, pero no consiguió transformar ese alivio en una señal de recuperación. La protesta de los hinchas fue el reflejo de un presente que duele y de un futuro inmediato que genera preocupación.

El tiempo de las cuentas y las promesas empieza a agotarse. Con cuatro fechas por delante, el Albiazul necesita dejar de mirar cómo se escapan los partidos y comenzar a sumar. La prioridad es clara: salir del último puesto, alejar los temores y cerrar la fase regular con una cosecha que le permita mirar la tabla de los promedios sin que la permanencia se convierta en una pesadilla. Para Talleres, el margen se termina y la reacción ya no puede esperar.

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