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Talleres perdió feo en Mendoza: el papelón que dejó a Sampaoli al borde del abismo

La “T” volvió a perder y esta vez fue 3-1 ante Gimnasia de Mendoza, en una actuación que profundizó todas sus alarmas. Tras el 0-3 sufrido ante Lanús, el equipo recibió dos goles en 19 minutos, pudo sufrir una goleada todavía mayor y terminó con un expulsado. Sampaoli suspendió la conferencia y se fue sin hablar: su continuidad quedó en el centro de la escena.

Talleres ya no está buscando una reacción. Está buscando una salida.

La derrota 3-1 ante Gimnasia y Esgrima de Mendoza, en el Víctor Legrotaglie, dejó a la “T” sumergida en una crisis que ya no puede explicarse solamente desde los resultados. Porque después del 0-3 con Lanús, cuando todo indicaba que el partido en Mendoza debía convertirse en el punto de partida para una recuperación, el equipo de Jorge Sampaoli volvió a exhibir las mismas deficiencias y terminó recibiendo otro golpe durísimo.

Lo preocupante no fue solamente perder. Fue la manera en que Talleres perdió.

Sampaoli había decidido patear el tablero. Cambió el dibujo y los nombres en busca de una respuesta inmediata. Valentín Fascendini ingresó en la defensa, el juvenil Emiliano Chiavassa tuvo su oportunidad desde el comienzo y Valentín Depietri apareció como centrodelantero. Santiago Fernández, Timoteo Chamorro y Ronaldo Martínez quedaron afuera del once inicial.

El entrenador apostó por un 4-2-3-1, con Depietri como referencia ofensiva. Era una señal clara de que algo debía modificarse después del desastre ante Lanús.

Pero el cambio de esquema no cambió la historia.

Apenas habían transcurrido 19 minutos cuando Talleres ya estaba dos goles abajo. Agustín Módica abrió el marcador desde los doce pasos, después de una infracción de Augusto Schott sobre Luciano Cingolani que generó discusión por lo dudoso de la sanción. Poco después, el propio Módica volvió a aparecer para aprovechar un grosero error en la salida de Federico Fattori.

Dos golpes demasiado rápidos para un equipo que necesitaba justamente lo contrario: tranquilidad, confianza y solidez.

Gimnasia descubrió rápidamente dónde estaba el problema. Cada vez que el conjunto mendocino atacó, encontró espacios y mostró la fragilidad defensiva de Talleres. Esa vulnerabilidad que había quedado expuesta en partidos anteriores volvió a aparecer de manera brutal.

La “T” no logró corregirla durante el partido. Tampoco pudo disimularla con la pelota.

El tercer tanto llegó en el comienzo del complemento y dejó prácticamente sentenciado el encuentro. Talleres estaba 3-0 abajo y necesitaba una reacción futbolística que no aparecía.

Incluso pudo recibir un cuarto golpe. Facundo Lencioni tuvo la posibilidad desde el punto penal, pero Ezequiel Unsain volvió a convertirse en salvador y le contuvo el remate. El arquero evitó que la diferencia fuera todavía mayor y sostuvo mínimamente a un equipo que parecía quebrado.

La noche se complicó aún más con la expulsión de Román Riquelme. El jugador de Talleres protagonizó un cruce con Juan Franco, hubo agresión mutua y ambos terminaron expulsados. Para Sampaoli fue otra mala noticia en un partido en el que casi ninguna decisión terminó dándole resultado.

Y recién sobre el final apareció una pequeña señal de vida.

Santiago Fernández, ingresado desde el banco, marcó el descuento y convirtió su primer gol con la camiseta de Talleres. El 3-1 generó un último intento de reacción. La “T” se adelantó, buscó el segundo y estuvo cerca con un remate de Valentín Depietri que terminó impactando en el palo.

Pero ya era demasiado tarde.

El partido había quedado definido mucho antes, cuando Gimnasia aprovechó cada debilidad de un Talleres que volvió a quedar expuesto.

Y entonces llegó el verdadero final del partido.

Cuando Andrés Gariano marcó el cierre, la pregunta comenzó a recorrer el estadio: ¿qué pasará con Sampaoli?

El interrogante tiene fundamentos. Talleres quedó último en la Zona A del Clausura, con apenas una victoria y cuatro derrotas en cinco presentaciones. Viene de recibir seis goles en sus dos últimos partidos y sufrió dos goleadas consecutivas. Está lejos de los objetivos que se había planteado y, sobre todo, no consigue construir una identidad que permita imaginar una recuperación.

La imagen final fue todavía más significativa.

Sampaoli decidió no brindar la conferencia de prensa. La levantó, se subió al micro y abandonó el estadio sin hacer declaraciones.

Una escena que alimentó todavía más la incertidumbre.

El técnico había llegado a Córdoba con la misión de provocar una transformación profunda. Había hablado de una nueva identidad, de otro funcionamiento y de la necesidad de construir un Talleres diferente. Pero los resultados y, fundamentalmente, las actuaciones, muestran hoy una realidad completamente opuesta.

La “T” no solamente pierde: se desarma.

Y cuando un equipo se desarma de esta manera, la discusión inevitablemente llega hasta el entrenador.

¿Es Sampaoli quien debe encontrar la solución? ¿O el ciclo llegó a un punto sin retorno?

Después del 3-0 ante Lanús, el partido de Mendoza era señalado como una prueba de carácter. Talleres debía reaccionar. En cambio, recibió tres goles, quedó expuesto, sufrió una expulsión y volvió a marcharse goleado.

Por eso, la derrota ante Gimnasia puede ser mucho más que otra caída en una campaña preocupante. Puede convertirse en la noche que marque un antes y un después en el ciclo de Sampaoli.

Ahora la pelota está en manos de Talleres. Y la pregunta ya no admite demasiadas vueltas: ¿Sampaoli sigue siendo la solución o se convirtió en parte del problema?

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