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A los 84 años, el “Nono” Domínguez volvió a jugar y emocionó a todo Medea

Fue protagonista del tradicional partido solidario de Medea, en la Primera B de la Liga Cordobesa, a beneficio de los comedores de Villa El Libertador, y conmovió a todos con su vigencia y su historia

 

A los 84 años, Horacio Domínguez sigue desafiando al tiempo y regalando postales que emocionan. “El Nono”, como lo conocen todos en Medea, volvió a calzarse los botines y fue protagonista del tradicional partido solidario de diciembre que la entidad de la Primera B de la Liga Cordobesa organiza a beneficio de los comedores de la institución evangélica que funciona en Villa El Libertador. Una vez más, el fútbol fue excusa para ayudar, pero también para rendirle tributo a una pasión que no envejece.

Las imágenes de Horacio jugando, participando de la pelota con la naturalidad de quien nunca dejó la cancha, recorrieron rápidamente las redes sociales y se transformaron en furor. Pero hubo un momento que terminó de conmover a todos: cuando el “Nono” se arrimó a la platea de Medea para saludar a sus familiares, recibiendo aplausos cerrados, abrazos y miradas húmedas. La escena fue tan simple como poderosa y dejó a toda la concurrencia de pie, reconociendo en Domínguez mucho más que a un futbolista veterano: a un símbolo.

El partido solidario volvió a reunir a ex glorias del fútbol cordobés, que dijeron presente para acompañar la causa y darle jerarquía al espectáculo. Entre ellos estuvieron Mario Bevilacqua, Miguel Rutar, Héctor Chazarreta y Eduardo Maldonado, además de otros nombres que marcaron épocas en las canchas de la provincia. Todos compartieron el campo con el “Nono”, en un clima de camaradería, recuerdos y risas.

Más allá del resultado, lo importante volvió a ser el fin solidario y el mensaje que dejó la jornada. En tiempos donde el fútbol suele medirse en cifras y urgencias, la figura de Horacio Domínguez recordó que el juego también es pertenencia, familia y comunidad. A los 84 años, el “Nono” sigue jugando y enseñando. Y en Medea, cada diciembre, su presencia confirma que la pasión no se jubila nunca.

 

 

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