Se cumple un nuevo aniversario del 18 de diciembre, el día que Lionel Messi y la Selección Argentina rompieron una sequía de 36 años para alcanzar la cima del mundo. Un repaso por el camino de resiliencia que llevó a la Albiceleste a bordar la tercera estrella en su escudo.
El 18 de diciembre de 2022 no es simplemente una fecha en el calendario deportivo; se ha transformado en un hito eterno para el fútbol mundial. Hoy, a tres años de aquella noche mágica en el Estadio de Lusail, el recuerdo de Lionel Messi levantando el trofeo más preciado sigue tan vibrante como en el primer momento y un fuerte componente cordobés con los ligueros Cristian Romero y Julián Álvarez más Paulo Dybala y Nahuel Molina Lucero.
Argentina, bajo la conducción de Lionel Scaloni, logró una hazaña que no solo cortó una racha de décadas sin títulos mundiales, sino que también redefinió el legado de una generación entera de futbolistas.
El camino hacia la gloria estuvo marcado por la adversidad desde el primer minuto. El debut mundialista ante Arabia Saudita resultó ser un impacto inesperado que sacudió los cimientos del equipo: una derrota por 2-1 que puso en serio riesgo el sueño de todo un país. Sin embargo, ese traspié se convirtió en el combustible necesario para la reacción. Cada encuentro posterior fue tratado como una auténtica final.
La tensión alcanzó su punto máximo en el duelo contra México en el Grupo C, donde el liderazgo de Messi fue fundamental para destrabar un partido cerrado y conseguir una victoria por 2-0 que devolvió el control del destino a la Albiceleste. Finalmente, la clasificación como líderes de grupo se selló con un sólido triunfo ante Polonia, confirmando que el equipo de Scaloni había recuperado su mejor versión futbolística.
La jerarquía en los duelos de eliminación directa
En la fase de octavos de final, apareció la figura emergente de Julián Álvarez, quien junto a Messi, fue determinante para superar 2-1 a Australia. No obstante, el desafío más emocional y físico llegaría en los cuartos de final contra Países Bajos, en lo que se conoció como la “Batalla de Lusail”. Aquel duelo épico incluyó una asistencia magistral de Messi para Nahuel Molina y un gol del propio capitán, pero la resistencia neerlandesa, comandada por un doblete de Wout Weghorst, llevó el encuentro a una dramática definición por penales donde Argentina volvió a imponerse.
La semifinal ante la Croacia de Luka Modrić fue, quizás, la mayor exhibición de fútbol puro del torneo. Con un Messi en estado de gracia que brindó una clase magistral de juego, y un Julián Álvarez imparable que anotó un doblete, la Albiceleste goleó 3-0, asegurando su lugar en la gran final frente a Francia.
Un legado que trasciende el tiempo
La final contra Francia completó una historia que hoy se siente irrepetible. A tres años de esa consagración, el título de Catar 2022 se mantiene como un símbolo de perseverancia y liderazgo. Messi, quien actualmente despliega su talento en el Inter Miami, logró finalmente el trofeo que tanto se le había negado, reencontrando a Argentina con su identidad ganadora.
Mientras el mundo del fútbol comienza a mirar hacia el Mundial de Norteamérica 2026, el eco de los festejos en Catar sigue marcando el presente de la Albiceleste. Aquella noche en Lusail no fue el final de un camino, sino la confirmación de un legado que continúa inspirando a nuevas generaciones y que ha quedado grabado para siempre en la historia grande del deporte.
Ganar este Mundial fue como escalar una montaña que se volvía más empinada con cada paso: tras un resbalón inicial que casi los hace caer al vacío, el equipo se encordó con más fuerza que nunca, liderado por un guía que no estaba dispuesto a regresar a casa sin alcanzar la cima.


