“Nacho” de 21 años y a préstamo desde la “B”, arrancó en cebollitas de la LCF.

Ignacio “Nacho” Tapia, nacido el 1º de septiembre de 2004 en Primero de Mayo —un barrio de la ciudad de Córdoba—, ha recorrido un camino de constancia, talento y sacrificio que llega hoy a una de sus mayores recompensas: la clasificación a la Copa Sudamericana 2026 con Barracas Central.
Desde muy chico, Tapia mostró una pasión innata por el fútbol. Según relatos de su familia, a los seis años ya jugaba en Unión Empalme, y apenas un año después hizo una prueba en Belgrano, donde quedó incorporado a las categorías juveniles del club. En ese momento empezó su vínculo con la Liga Cordobesa de Fútbol, defendiendo los colores “cebollitas” del Pirata, y forjando su identidad futbolística en uno de los semilleros más tradicionales de Córdoba.
Su familia sufrió el ritmo intenso de su formación: “Con apenas 15 años, lo acompañábamos a la terminal y se iba en colectivo a Buenos Aires todos los domingos”, contó su madre, Eliana, evocando los viajes constantes para integrarse a la selección juvenil nacional. Su padre, Miguel, rememora un episodio simbólico: “Un día en un partido con Racing en Buenos Aires, en octava categoría, alguien vio a un hombre detrás del arco que resultó ser Pablo Aimar (entrenador de juveniles). Al poco tiempo Nacho recibió la citación para entrenar en Ezeiza”, relató.
Muy joven, Nacho debió combinar sus estudios con un ritmo futbolístico exigente: entrenamientos en Ezeiza con la Sub-17, viajes de regreso a Córdoba, clases al día siguiente, entrenamientos en Belgrano, partidos los fines de semana. Sus referentes: los tradicionales “10” clásicos, como Iniesta y Riquelme, y un estilo en el campo que refleja la gambeta, la visión de juego y la inteligencia del mediocampo.
En 2021 firmó su primer contrato profesional con Belgrano y debutó en la Primera Nacional con apenas 16 años.
Su salto al fútbol porteño se consolidó esta temporada con su cesión a Barracas Central, el club que acaba de lograr un hito histórico: por primera vez, jugará un torneo internacional gracias a su clasificación a la Copa Sudamericana 2026.
Este logro no solo representa un crecimiento para Barracas, sino también para Tapia, que ve cómo su sacrificio empieza a traducirse en oportunidades enormes. La campaña del Guapo estuvo plagada de tensión y momentos decisivos, y la clasificación continental se dio tras una combinación de méritos deportivos y circunstancias externas: Lanús, tras consagrarse en la Sudamericana, liberó un cupo en la tabla anual que Barracas aprovechó para acceder al torneo.
Para Nacho, este presente es la continuación de un sueño largo empezado en Córdoba, con el apoyo incondicional de su familia, su club de infancia y su propia constancia. Tras demostrarse en Belgrano y ahora en Barracas, su nombre se proyecta con fuerza: más que una promesa juvenil, está comenzando a construirse en un escenario continental.
Si mantiene su garra, su gambeta y esa humildad de chico del Primero de Mayo, Ignacio Tapia podría no solo brillar con Barracas, sino consolidarse como uno de los mediocampistas jóvenes más interesantes del fútbol argentino.


